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Gigantes Rojas: El futuro del Sol.

Publicado el 23 mayo, 2010 por bitacoradegalileo

El tiempo que transcurre desde que una persona nace hasta que muere es demasiado breve a escala cosmológica para notar cambio alguno en las estrellas en general, y en nuestro Sol en particular. Incluso el tiempo comprendido entre las primeras civilizaciones y la actualidad sólo supone una millonésima parte de la edad que tiene nuestra estrella. La Humanidad ha asistido a un 0.02 % de la vida del Sol (menos de una semana en la existencia de una persona), un tiempo que ha supuesto una inconmensurable evolución en la vida humana, pero que no ha cambiado para nada el aspecto de la estrella.

Sin embargo, estos astros sufren una serie de procesos desde un primigenio momento en el que nacen, para transformarse luego paulatinamente hasta desembocar en su muerte. El conjunto de estos cambios es llamado por los astrónomos evolución estelar.

La mayor parte de la vida de una estrella transcurre en la fase que se llama secuencia principal. Durante ella el astro obtiene su energía mediante la fusión del hidrógeno en helio, en reacciones que tienen lugar en el núcleo estelar, y que mantienen la temperatura y presión suficientes para que la estrella no colapse sobre sí misma por efectos gravitacionales, conservándose intacto de esa manera el equilibrio entre ambas fuerzas, la presión de los gases que la integran y la atracción gravitatoria. Las nueve décimas partes de la vida de una estrella transcurre en esta fase, que puede durar, en el caso de una estrella como el Sol, varios miles de millones de años. El hidrógeno es el combustible que se irá consumiendo poco a poco, dejando como ceniza un núcleo de helio, producto de la fusión nuclear. El calor así producido es transmitido a la superficie, manteniéndose e incluso aumentando la luminosidad con el paso de los millardos de años.

Cuando todo el núcleo de la estrella se haya convertido en helio, comienza su senectud. El combustible ha de obtenerlo ahora en capas más externas, y con ello aumenta su superficie y se enfría. Una estrella del tipo del Sol, no demasiado masiva, pasará por un estadío llamado subgigante, para seguidamente aumentar espectacularmente su tamaño hasta unos 100 millones de km, alcanzando en el caso de nuestra estrella hasta más allá de la órbita de Mercurio, engullendo a este planeta, y puede que incluso a Venus. Se habrá convertido en una gigante roja. El Helio comenzará entonces a fundirse en Carbono y Oxígeno, convirtiéndose así en una nueva fuente de energía. Esto ocurrirá dentro de unos 5 ó 6 mil millones de años. Usted y yo tendríamos que vivir 70.000.000 de veces para verlo. Aldebarán, Arturo, Pólux y Gacrux son gigantes de este tipo.

Las estrellas mucho más masivas que nuestro Sol sufrirán una evolución muy distinta, pasando por fases de supergigantes azules primero, amarillas después y rojas en último lugar. En el lugar del Sol se aproximarían a la órbita de Júpiter, engullendo en su interior a Mercurio, Venus, la Tierra, y Marte, y al cinturón de asteroides. Antares y Betelgeuse son las supergigantes rojas más conocidas.

Tras la muerte de una estrella, en su lugar quedará un agujero negro, una estrella de neutrones o una nebulosa planetaria, según los casos, y como alternativas más conocidas. La explosión en Supernova es la variante cataclísmica más espectacular.

La Nebulosa del Cangrejo (M1), en Tauro, es lo que quedó (remanente) de la explosión de una supernova.

Aldebarán (Alpha Tauri) es la estrella más brillante de la Constelación de Tauro, y su nombre proviene del árabe الدبران, al-dabarān, que viene a significar «la que sigue», pues efectivamente parece perseguir a las Pléyades (M45) en su transitar por el cielo nocturno. Es una preciosa gigante de color rojo-anaranjado que está en la misma línea visual que el cúmulo de las Hyades, por lo que da la impresión de pertenecer a él, aunque el cúmulo está mucho más alejado. Si estuviera en el lugar del Sol, aparecería en nuestro cielo como un disco de 20º de diámetro (la mano abierta con el brazo extendido). En los últimos y primeros meses del año es cuando podemos admirarla, muy cerca de la eclíptica, como corresponde a una constelación zodiacal. Es la estrella preferida de nuestra amiga Niki, bonaerense de 9 años que ha comentado artículos de la bitácora más de una vez.

Aldebarán
Constelación Tauro
Tipo espectral K5III
Clase Gigante
Color Anaranjada
Magnitud Visual +0.85
Distancia 65 años-luz
Radio 44 soles

Arturo (Alpha Boötis) es una brillantísima estrella de la primavera boreal, que corresponde al otoño del Hemisferio Austral. Es la principal integrante de la Constelación de Boötes, y la más brillante del Hemisferio Norte. Su nombre deriva del griego Αρκτοῦρος (Arcturus), que significa «el guardían del Oso», en referencia a su proximidad a la Osa Mayor. Nótese que las siete estrellas principales de la Osa eran conocidas como los siete bueyes (septem triones), de donde se deriva septentrión para significar al viento procedente del norte, y la constelación de Boötes es también conocida por su significado en castellano, El Boyero. Arturo es una gigante anaranjada que es considerada la reina del cielo de primavera, y la estrella gigante más próxima después de Póllux. Es 26 veces más grande que nuestro Sol, y la cuarta más brillante de todo el cielo nocturno, aunque si consideramos a Alpha Centauri con sus dos componentes separadas, es aún más brillante que ésta, y pasa a ser la tercera.

Arturo
Constelación Boötes
Tipo espectral K1.5III
Clase Gigante
Color Anaranjada
Magnitud Visual -0.04
Distancia 37 años-luz
Radio 26 soles

Pólux (Beta Geminorum) es la estrella gigante más cercana a nuestro Sol. Junto a Cástor, representan las dos cabezas de los gemelos en la constelación de Géminis, y su visión en el cielo, con ambas estrellas próximas entre sí, resulta gratificante, aunque no hay relación física entre ambas, al estar Pólux situada a 34 años-luz, y Cástor más allá, a 50 años-luz. Es el equivalente romano de Διόσκουροι Dióskouroi, Dioscuros en Grecia. Es una gigante anaranjada 10 veces mayor que el Sol. Es frecuente que en la zona se produzca conjunciones planetarias, así como con la Luna, como en la fotografía, en la que Marte se interpone entre los gemelos. Procyon es la brillante estrella de abajo a la izquierda, mientras que en el extremo superior izquierdo aparece M44 (El Pesebre). Es la estrella más brillante a la que se le ha descubierto un sistema planetario. Se trata de Pólux B, un planeta 3 veces más masivo que Júpiter.

Pollux
Constelación Géminis
Tipo espectral K0III
Clase Gigante
Color Anaranjada
Magnitud Visual +1.15
Distancia 34 años-luz
Radio 10 soles

Gacrux (Gamma Crucis) o Rubídea es una gigante de color rojo, como su nombre nos indica, en la constelación de la Cruz del Sur, sólo visible a partir de latitudes tropicales, e inaccesible por lo tanto a la observación desde Europa. Situada en el lugar en el que está el Sol, llegaría hasta la mitad de la órbita que describe la Tierra. Ocupa el extremo superior de la cruz y, junto con Acrux (Alpha Crucis o Estrella de Magallanes) define el larguero del asterismo, importantísima referencia para la navegación en el Hemisferio Austral, pues indica la dirección del Polo Sur celeste. Existe una aparente acompañante, a 2 minutos de arco, Gacrux B, una estrella blanca de tipo espectral A3 y magnitud visual +6.4, pero que en realidad está a más de 300 años-luz de distancia, por lo que no existe relación entre ellas, y se trata sólo de una binaria óptica, o falsa binaria.

Gacrux
Constelación Crux Australis
Tipo espectral M3.5III
Clase Gigante
Color Roja
Magnitud Visual +1.63
Distancia 90 años-luz
Radio 113 soles

Antares (Alpha Scorpii) es una espectacular estrella supergigante, de color rojo, en la constelación de Escorpio, Scorpius o el Escorpión, cuyo nombre parece derivar de anti-Ares, o el opuesto a Ares, que es el nombre griego para Marte, pues parece rivalizar con este planeta en color, brillo e incluso localización en el cielo, pues se aproximan con frecuencia. Protagoniza asiduamente conjunciones con la Luna, por quien es ocultada ocasionalmente. Es una estrella enorme, que situada en el lugar del Sol llegaría más allá del cinturón de asteroides, engullendo a Mercurio, Venus, la Tierra, Marte y al propio cinturón, y llegando casi hasta la órbita de Júpiter. Se observa en el cielo de los meses centrales del año, y en el Hemisferio Norte aparece muy baja en el horizonte Sur, dada su declinación de -40º. Es la estrella favorita de Ann, la joven mamá de Niki, y madre e hija suelen discutir sobre la superior belleza de Antares o Aldebarán. Yo me quedo con las dos. Con las dos estrellas. En la fotografía aparece Antares junto al cúmulo globular M4.

Antares
Constelación Scorpius
Tipo espectral M1I
Clase Supergigante
Color Roja
Magnitud Visual +1.09
Distancia 600 años-luz
Radio 700 soles

Betelgeuse (Alpha Orionis) es una estrella colosal, situada en el brazo derecho (izquierdo según la vemos) del gigante Orión. Es una supergigante roja de magnitud y tamaño variables, lo que hace que actualmente Rígel (Beta Orionis), sea la estrella más brillante de la constelación. Aún así, Betelgeuse se sitúa en el noveno lugar entre todas las estrellas del cielo nocturno. Dada su posición, muy cercana al ecuador celeste, puede ser observada desde cualquier punto de la Tierra, en los meses de invierno en el Hemisferio Norte, que corresponde al verano austral. Cuando tiene su tamaño máximo, se extendería más allá de la órbita de Marte. Los cálculos de los astrónomos predicen un final de esta estrella relativamente cercano, en los próximos miles de años, en los que explotará como supernova.

Betelgeuse
Constelación Orión
Tipo espectral M1I
Clase Supergigante
Color Roja
Magnitud Visual +0.5/+1.3 v
Distancia 640 años-luz
Radio 880-950 soles

Y después, ¿qué?

Es obvio que cuando el Sol experimente el proceso de conversión en gigante roja, nuestro planeta no será habitable, si es que el hombre no se encarga de destruírlo con anterioridad. No obstante, Isaac Azimov, escritor y científico estadounidense de origen bielorruso, opina que para entonces la ciencia habrá desarrollado colonias autónomas con capacidad de albergar a 10 millones de personas cada una, y que podrán transportar a la Humanidad a lugares más agradables. El Sr. Azimov siempre hizo gala de un optimismo envidiable.

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