Publicado el 31 enero, 2011 por bitacoradegalileo
Monoceros (del griego Μονόκερως, el Unicornio) es una tenue constelación invernal (para los residentes boreales), situada justo en el ecuador celeste, que la cruza de este a oeste, y que resulta totalmente invisible para los cielos contaminados de la ciudad, dada la débil luminosidad que presentan sus principales estrellas, que rondan la cuarta magnitud. Pero como la Vía Láctea la cruza de norte
a sur, resulta ser una interesante zona del cielo, repleta de objetos de cielo profundo que merecerán una visita detallada. Una gran profusión de estrellas dobles, cúmulos estelares y conocidas nebulosas como Roseta, la nebulosa Variable de Hubble o la Nebulosa del Cono, junto al cúmulo del Árbol de Navidad, justificarán un estudio detallado de esta zona, frecuentemente olvidada.
A pesar de la debilidad de sus estrellas, su localización no puede ser más fácil, pues se inserta, en la mayor parte de sus 482 grados cuadrados, dentro de los límites del conocido Triángulo de Invierno, constituido por las notabilísimas estrellas Sirio (Alpha Canis Majoris), Procyon (Alpha Canis Minoris) y Betelgeuse (Alpha Orionis). Orión la escolta por el oeste y la Hydra por el este, mientras Géminis y Canis Minor se erigen en su límite norte, y Canis Major la acompaña por el sur. Notables constelaciones, como se ve, por todos sus flancos. Puppis (la Popa) y Lepus (la Liebre) también limitan con El Unicornio.
Su estrella Delta se sitúa sólo medio grado por debajo del ecuador celeste, lo que redunda en que la constelación sea visible desde toda la Tierra, aunque desde los Polos se verá justo en la línea del horizonte, sólo la mitad de la constelación correspondiente a ese hemisferio:
Así se observa desde la Antártida, a 88 grados sur de declinación, durante las horas centrales del día en el mes de julio, noche en la región.
Y así en estos días, a 88 grados de latitud norte, en las inmediaciones del Polo Norte, hacia las 22:30 horas (la mancha rojiza es la Nebulosa Rosetta).
El Unicornio, o Monoceros como es su nombre oficial, es una constelación moderna. No se menciona en el Almagesto de Ptolomeo (siglo II) ni en el Libro de las Estrellas Fijas de Abd Al-Rahman Al-Sufi (siglo X). Su nombre hay que anotarlo en el haber de Petrus Plancius, astrónomo holandés que lo aportó en 1.613, aunque fue registrado por Jakob Bartsch, un hijo adoptivo de Kepler, en 1.624. Sin embargo, hay referencias a un «segundo caballo al sur de los Gemelos y del Cangrejo» en escritos de 1.564, y Joseph Scaliger, el inventor de la fecha juliana, afirma haberla encontrado en una esfera celeste de la antigua Persia.
Ninguna de las estrellas de Monoceros tiene nombre propio, y tendremos que contentarnos con su letra de Bayer y su número de Flamsteed, en el mejor de los casos. Todas se van más allá de la cuarta magnitud, exceptuando Alpha y Gamma, que no la alcanzan por muy poco.
Alpha Monocerotis es la más brillante. Es una gigante anaranjada con magnitud visual +3.93 situada a una incierta distancia entre 144 y 180 años-luz. Se localiza en el sector sureste de la constelación, muy cerca de la frontera con Puppis.
Beta Monocerotis la sigue en brillo, y es la estrella más interesante de la constelación y, probablemente, la triple más hermosa de todo el firmamento. Esta triple, sorprendentemente maravillosa, fue descubierta en 1.781 por William Herschel, que también descubrió Urano, entre otras muchas aportaciones. Herschel dijo de ella: «One of the most beautiful sights in the heavens» (una de las
vistas más bonitas de los cielos). Susceptible de ser resuelta por pequeños telescopios, las tres estrellas forman un elegante triángulo que podemos considerar fijo, pues sufre muy pequeñas variaciones con el tiempo. Las tres componentes son blanco-azuladas, con magnitudes de +4.6, +5.2 y ++5.6. A y B están separadas 7» de arco, y C se sitúa a 2.9» de C. Consideradas en magnitud conjunta, sería la estrella más brillante del Unicornio, con +3.76. El sistema está a una distancia de 690 años-luz.
V838 es la última estrella que trataremos en El Unicornio. Esta estrella, hasta el 2.002, era totalmente desconocida. Pero, en febrero de aquel año…
La estrella, situada en los confines de la Vía Láctea, a 20.000 años-luz de distancia (más allá incluso que algunos cúmulos globulares), y que hasta entonces tenía una magnitud visual de decimoquinto orden, sufrió una violenta explosión, cuyo resplandor pudo captar el Telescopio Espacial Hubble. A partir de entonces, los astrónomos le hicieron un atento seguimiento, y convinieron en principio que se trataba de la explosión típica de una supernova. Pero el comportamiento posterior de la estrella desmintió esta hipótesis, pues en marzo y en abril V838 volvió a experimentar nuevos picos de luminosidad, llegando a alcanzar la magnitud visual de +6.75, y adquirió una luminosidad real equivalente a un millón de veces la de nuestro Sol. La estrella, cuyo tipo espectral es de B3V, y que es por tanto blanco-azulada, adquirió pronto un fuerte tono rojizo, consecuencia del enfriamiento ocasionado por la rápida expansión producto del enorme cataclismo. Siendo una estrella de la secuencia principal, el suceso provocó que alcanzara entre 1.200 y 1.800 veces el tamaño del Sol, convirtiéndose en una estrella supergigante roja en muy poco tiempo. Aunque la nebulosa en expansión parece tener dimensiones colosales, en realidad el fenómeno consiste en lo que se ha llamado ecos de luz, por los que la luz emitida por el suceso se refleja en las distintas capas de materia interestelar que ya rodeaba a la estrella previamente. Probablemente, en la actualidad la expansión de V838 ya se haya detenido, y estemos ante una regresión de un fenómeno para el que todavía no tenemos explicación satisfactoria, lo que convierte a nuestra protagonista en uno de los mayores enigmas del Universo. Ahora, V838 Monocerotis vuelve a tener la magnitud visual de +15.74 que tenía antes de la explosión. A continuación podemos observar el aspecto que presentaba en el mes de septiembre del año 2.006, cuatro años después del espectáculo que ofreció, según una fotografía del Telescopio Espacial Hubble:
Objetos de Cielo Profundo
Como la Vía Láctea cruza por la zona, desde el norte por la Constelación de Géminis, saliendo por el sur por Puppis, la profusión de cúmulos y nebulosas es muy notable.
Entre todos ellos he seleccionado dos cúmulos galácticos, M50 y el Cúmulo del Árbol de Navidad, y a una nebulosa: La del Cono, y además recordaremos la Nebulosa Roseta, que ya fue objeto de un informe monográfico en estas mismas páginas.
M50 es, de forma sorprendente, el único objeto de la constelación presente en el Catálogo de Objetos Molestos de Charles Messier. Se trata de un notable cúmulo abierto, que aunque esté dentro de los límites de Monoceros, pertenece al extenso grupo de objetos de este tipo que se extienden por sus vecinas del sur, las constelaciones de Puppis y Canis Major. Cuenta con más de un centenar de estrellas, entre las que se destacan varias gigantes rojas, y está bastante lejos, especulándose con distancias que llegan hasta los 3.000 años-luz del Sistema Solar.
Con una magnitud visual de +6.4, M50 es un objeto ideal para pequeños telescopios, e incluso servirán unos binoculares si la noche es oscura, y se extiende por un área que mide aproximadamente 8′ x 6′ de arco, localizándose sin demasiada dificultad a medio camino entre Alpha y Beta Monocerotis. También se puede encontrar trazando una línea entre Sirio y Procyon, a un tercio de distancia de la primera.
El Cúmulo del Árbol de Navidad y la Nebulosa del Cono son dos objetos que se agrupan en una sola denominación en el New General Catalogue: NGC 2264. Es un maravilloso grupo de estrellas, que asemeja a un abeto iluminado por navidades, cuyos vientos estelares provocan una nebulosa oscura en forma de cono, y eso justifica ambos nombres, tanto el del cúmulo como el de la nebulosa. En la base del cúmulo hay una brillante estrella de 4ª magnitud y todo el conjunto está rodeado por una nube de polvo y gas, cuyo hidrógeno, al ser ionizado por las estrellas del cúmulo, ofrecen un marcado color rojizo en las fotografías de larga exposición, resultando una visión realmente maravillosa. En la siguiente toma, el sur está arriba, y podemos observar al cúmulo estelar culminado por la nebulosa:
El conjunto fue descubierto por William Herschel en 1.795 (otra valiosa aportación del músico de Hannover) y parece situarse a la distancia de 2.400 años-luz de nosotros. En conjunto, ofrece una magnitud visual de +3.9 y es bastante joven, pues se formó hace sólo 20 millones de años.
La Nebulosa Roseta (NGC 2237) es una delicia. Dan ganas de alargar la mano, asirla con suavidad, y colocarla en el pelo de aquella joven. Sin embargo, es una colosal nube de hidrógeno, oxígeno y sulfuro, cuya zona central ha colapsado formando el notable cúmulo asociado catalogado como NGC 2244. Es una nebulosa extraordinariamente masiva, pues el material que contiene es suficiente para la formación de más de 10.000 soles. Y probablemente, con el tiempo, acabe por hacerlo. Paciencia.
Mitología
No existen referencias en la mitología clásica asociadas a la Constelación de Monoceros, dado que se trata de un concepto moderno, que no mereció la consideración de los antiguos. Sí existió el mito del Unicornio, una criatura con cabeza de caballo, aunque con barba de chivo, patas de antílope y cola de león, rematado por un largo cuerno, recto y espiral, a la manera de las columnas salomónicas. Modernamente, se representa como un caballo blanco, eso sí, con su cuerno en la frente. En cambio, es muy difícil reconocer un Unicornio entre las estrellas de Monoceros. Al menos para mí.
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