Publicado el 23 marzo, 2011 por bitacoradegalileo
Ocupando el enorme espacio entre las órbitas de Marte y de Júpiter, una multitud de objetos rocosos de diferentes formas, tamaños y colores orbita alrededor del Sol a grandes velocidades, constituyendo
el llamado Cinturón de asteroides. Cuerpos de sólo unas decenas de metros junto a otros de varios centenares de kilómetros de diámetro ocupa una franja que se sitúa a distancias entre 2 y 4 UA* del Sol, esto es, 300 y 600 millones de kilómetros
* 1 UA o Unidad Astronómica es la distancia media entre el Sol y la Tierra, y es igual a 149.597.871 km; es la unidad que se emplea para medir distancias en el Sistema Solar, aunque también sirve para cuantificar el diámetro de algunas estrellas supergigantes, y la separación entre las dos componentes de algunas estrellas dobles.
Es necesario aclarar enseguida que el llamado Cinturón de asteroides no es el único lugar del Sistema Solar donde pueden encontrarse estos cuerpos, pues al menos otras dos regiones albergan astros similares: El Cinturón de Kuiper (entre 35 y 100 UA del Sol) y la Nube de Oort (entre 20.000 y 150.000 UA), donde tienen su origen la mayoría de los cometas que periódicamente nos visitan. Además, también son asteroides otras familias de astros entre los que se encuentran los objetos más cercanos a la Tierra, divididos en tres grupos: Atens, Apolos y Amores.
El Cinturón de asteroides ejerce de frontera natural entre los planetas interiores, rocosos o telúricos, y los gigantes gaseosos exteriores, aunque no de una forma absoluta, pues en la misma órbita de Júpiter, y compartiendo la misma trayectoria que el gigante
joviano, se sitúan los asteroides llamados troyanos, 60 grados por delante y por detrás del mismo Júpiter, en los lugares llamados Puntos de Lagrange. Algunos llaman griegos a los situados por delante, reservando el nombre de troyanos para los que se sitúan después del planeta. Por otro lado, los dos satélites de Marte, Fobos y Deimos, que tienen un tamaño similar a la isla de Manhattan, parecen ser en realidad dos antiguos asteroides que, procedentes del Cinturón, fueron capturados por la fuerza gravitatoria del planeta.
La mayoría de los asteroides, como los cometas, presenta formas caprichosas, pues su reducido tamaño y su poca masa hacen que las
fuerzas de cohesión de la materia sean superiores a su escasa gravedad. Esta circunstancia origina que adopten la apariencia de un cacahuete, un hueso o una patata, por poner algunos ejemplos. La imagen de la izquierda muestra a Eros, y es una animación. Pulse con el ratón sobre la fotografía. Cuatro de ellos (Ceres, Vesta, Palas e Higia) suman más de la mitad de la masa total de todo el Cinturón. Algunos orbitan en parejas, formando
sistemas dobles, y otros ostentan orgullosos algún pequeñísimo satélite (en la imagen de la derecha, el asteroide Ida y su luna Dactyl, fotografiados por la sonda Galileo). En cuanto a su composición, se distinguen tres tipos: Carbonáceos (tipo C), de un marcado tono negruzco, de silicatos (tipo S) y metálicos (tipo M), compuestos por níquel y hierro. Los carbonáceos constituyen el 75 % del total.
Un poco de historia: La Ley de Titius-Bode
El astrónomo alemán Johann Daniel Titius, trabajando de forma experimental, descubrió en 1.766 una pretendida relación matemática entre las diferentes distancias a las que se encontraban los planetas del Sistema Solar, ley que debería servir para predecir la existencia de futuros astros. En aquel entonces sólo se conocían Mercurio, Venus, la Tierra, Marte, Júpiter y Saturno. Los resultados fueron publicados por Johann Bode, silenciando el nombre de su autor, razón por la cual hoy se le conoce como Ley de Titius-Bode. Titius construyó una sucesión de números que empezaba por 0, continuaba por 3, y seguían doblando cada vez la cantidad anterior:
0 … 3 … 6 … 12 … 24 … 48 … 96 … …
Prosiguió sumando cuatro a cada número, y dividiendo cada resultado entre 10, para calcular los valores en Unidades Astronómicas (Tierra = 1) del semieje mayor de las órbitas, obteniendo resultados muy aproximados:
| Titius | Planeta | Real | Aprox. |
|---|---|---|---|
| 0,4 | Mercurio | 0,39 | 97,5 % |
| 0,7 | Venus | 0,72 | 97,2 % |
| 1 | Tierra | 1 | 100 % |
| 1,6 | Marte | 1,52 | 95,0 % |
| 2,8 | ? | — | — |
| 5,2 | Júpiter | 5,2 | 100 % |
| 10 | Saturno | 9,54 | 95,4 % |
Todas las cifras así calculadas eran sorprendentemente parecidas a la realidad, con un error máximo del 5 % (Marte). Pero se obtuvo un valor intermedio, en quinto lugar, que no se correspondía con ninguno de los planetas conocidos. Titius se preguntaba: «¿Podría el Creador haber dejado ese lugar vacío?», y se respondía a sí mismo: «De ninguna manera, no, en absoluto.»
Cuando, en 1.781, William Herschel descubrió Urano, la Ley de Titius-Bode recibió un espaldarazo casi definitivo: El nuevo planeta se encontraba a 19.2 UA de distancia, frente a las 19.6 previstas en la ley: ¡Sólo un 2 % de error!.
La Policía Celeste
En pocos años, un grupo de 24 astrónomos, a propuesta de Franz Xaver von Zach, se organizaron para la búsqueda del supuesto
planeta, y dividieron la región zodiacal del cielo en 24 zonas de 15º, una para cada uno. Entre ellos se encontraban el propio Bode, Herschel, Messier y Olbers. A este grupo se le llamó La Policía Celeste. Pero fue el astrónomo siciliano Giuseppe Piazzi, a la sazón director del Observatorio de Palermo (Sicilia), que había sido invitado a unirse al grupo pero que aún no había recibido la misiva, quien el día de año nuevo de 1.801, mientras
comprobaba en la Constelación de Tauro las estrellas que figuraban en su catálogo, descubrió el nuevo astro: Un punto cambiaba de posición, y así pudo avistarse a Ceres, que recibió el nombre de la diosa romana de la Agricultura, y protectora de Sicilia. En principio, Piazzi pensó que se trataba de un cometa, pero la ausencia de nubosidad a su alrededor y su movimiento lento y regular le hizo convencerse de que era un planeta, que resultó hallarse a 2,77 UA, casi exactamente
la misma posición que había predicho Titius de 2.8 UA (98.9 % de acierto, coincidencia o como quiera llamarse).
Olbers, sin embargo, no quedó satisfecho con el hallazgo, pues consideraba a Ceres demasiado poco masivo como para dar por cerrado el modelo planetario. Y efectivamente, sus investigaciones le condujeron al descubrimiento de Palas, el 28 de marzo del año siguiente. Los astrónomos de la época quedaron desconcertados, pues la ley de Titius- Bode no admitía
dos cuerpos distintos para la misma posición, así es que supusieron que Ceres y Palas eran fragmentos de un originario planeta, que habría estallado por el impacto de algún cometa, fracturándose en cuerpos más pequeños. En los años siguientes fueron descubiertos Juno, Vesta y Astreia, y mientras tanto Herschel propuso la denominación de «asteroides» para estos cuerpos, con el fin de diferenciarlos de estrellas, planetas, satélites y cometas.
Con el descubrimiento de Neptuno en 1.846, que no cumplía con las previsiones de Titius, la ley comenzó a perder fuerza. Posteriormente, tampoco Plutón respondería a la distancia prevista.
Con el perfeccionamiento de los telescopios, el número de asteroides conocidos fue en aumento, y en 1868 ya se había descubierto un centenar, número que ascendió enormemente con la llegada de la astrofotografía en 1.891. En 1.921 ya eran más de 1.000, y actualmente se acercan a 500.000, aunque se estima que el número total ha de rondar el millón.
Colisiones con otros astros
Algunos de estos astros cruzan las órbitas de otros cuerpos mayores, como Eros, Apolo o Ícaro que se interponen en el camino de Venus, la Tierra y Marte. Ícaro llega a sólo 0.2 UA del Sol, más cerca que
Mercurio. Otros, debido a sus velocidades orbitales distintas, pueden colisionar, y de hecho lo hacen, fracturándose en grandes trozos de rocas que pueden tomar diversas direcciones, incluida la Tierra. De tal manera, que no son extrañas las colisiones de asteroides con nuestro planeta, aunque la protección de nuestra atmósfera hace que la inmensa mayoría se quemen en el aire. Sin embargo, uno de ellos fue el causante de la
desaparición de los dinosaurios. El impacto se produjo en Chicxulub (México), y era un asteroide de 10 km de diámetro, que liberó la energía equivalente a cien veces la de la bomba nuclear más potente que se ha probado. El impacto provocó además un enrarecimiento de la atmósfera hasta hacerla irrespirable. Los animales de mayor tamaño, que necesitaban un mayor aporte de oxígeno, no pudieron sobrevivir. Es tranquilizador saber, en cambio, que un astro de ese tipo nos visita sólo una vez cada cien millones de años. No, cada cien años no, cada cien millones.
Origen
En cuanto a su origen, dos son las teorías que intentan explicar su formación, aunque con suerte dispar en cuanto a su aceptación generalizada. Según la primera de ellas, ya sugerida por Heinrich
Olbers a Herschel, un gran cometa hizo estallar a un planeta, que era el quinto del Sistema Solar, y que ocupaba su posición correcta obedeciendo a la Ley de Titius-Bode. Esta teoría no es fácil sustentarla, considerando que la masa total de todos los asteroides del Cinturón sólo supone un 4 % de la masa de la Luna. Además, choca contra esta teoría la diferente composición química de los distintos tipos de asteroides, que hacen difícil pensar que procedan de un mismo astro. No es una alternativa con muchos defensores.
Sí tiene más adeptos la teoría de que se trata de condensaciones de la nebulosa primitiva que originó el Sistema Solar, y a las que el fuerte influjo gravitatorio de Júpiter perturbó acelerándolos e inclinando su órbita, lo que devino en colisiones que las fragmentaron aún más. Muchos de estos asteroides fueron expulsados por los violentos choques y las fuerzas gravitatorias, quedando el actual Cinturón como el remanente de los planetesimales, los pequeños objetos sólidos de los discos protoplanetarios que sí formaron los actuales planetas.
Observación
Sólo Ceres, en muy raras ocasiones, y Vesta, en condiciones óptimas de observación, pueden distinguirse a simple vista, pues ambos se sitúan en el límite de las capacidades del ojo humano. Todos parecen estrellas, y para distinguir a un asteroide hay que dibujar la región del cielo donde se observe, y la posición de todos los puntos brillantes. Al cabo de unos días, la misma región mostrará cuál es el punto que se ha desplazado: Ése es el asteroide.
Nomenclatura
Para designar a un asteroide se le antepone, entre paréntesis, un número que indica el orden en que fue descubierto, seguido por su nombre propio, o por un número de serie. El nombre propio puede ser de muy diversa naturaleza, y son frecuentes los de origen mitológico o legendario, como (1) Ceres, (2) Palas o (4) Vesta, pero también los nombres de astrónomos y astronautas: (1772) Gagarin o (6469) Armstrong, así como físicos, matemáticos y científicos en general, pero también personajes reales del mundo de la música: (2620) Carlos Santana, (2644) Víctor Jara, (4147) Lennon o (17959) Elvis, o del cine: (7032) Hitchcock, (9341) Gracekelly y (9342) Carygrant. Aparecen también personajes de ficción y de dibujos animados: (2598) Merlin, (3552) Don Quixote y (29410) Asterix. Como se ve, una relación de lo más variopinto, y éstos son sólo unos pocos ejemplos.
Los más notables
El mayor cuerpo del Cinturón de asteroides es Ceres, un astro que técnicamente no es un asteroide, según la redefinición del concepto de planeta que hizo la IAU en su asamblea de agosto de 2.006. En ella, Ceres fue catalogado como planeta enano, junto a Plutón y otros cuerpos. Hasta entonces había sido considerado el mayor asteroide. Su tamaño es de 959.2 km x 932.6 km, prácticamente
esférico, debido a que su masa (un tercio del total del Cinturón) sí es suficiente para ejercer una gravedad sobre sus componentes que supera a las fuerzas de cohesión de la materia. Fue el primer asteroide que se descubrió, el 1 de enero de 1.801 (Giuseppe Piazzi) y a pesar de ser un cuerpo muy oscuro, su magnitud absoluta es la mayor del Cinturón de asteroides. Está compuesto por un núcleo de silicatos (tipo S) recubierto por un manto de agua helada y una delgada corteza. Orbita a una distancia del Sol que oscila entre 2.5 y 3 UA.
(4) Vesta es el cuarto asteroide en ser descubierto, el tercero más grande, el segundo más masivo y el primero en cuanto a brillo. Efectivamente, su albedo, del 42 %, es superior incluso al de la Tierra, y se deja ver a ojo desnudo en determinadas condiciones.
Descubierto por Olbers el 29 de marzo de 1.807, tiene unas dimensiones de 578 x 560 x 458 km, y aunque su núcleo es de hierro y níquel, tiene una capa basáltica muy poco frecuente. Un enorme impacto de otro asteroide le produjo un cráter en el polo sur de 469 km de diámetro y 13 km de profundidad, y despidió gran cantidad de otros pequeños cuerpos al espacio. Los astrónomos estiman que el 5% de los meteoritos encontrados en la Tierra tienen su origen en esta colisión. El tamaño de su órbita es similar a la de Ceres.
(2) Palas fue descubierto, como el anterior, por Olbers, éste en 1.802, mientras trataba de calcular la órbita de Ceres, que había sido avistado un año antes por Piazzi. Es el segundo asteroide más grande,
con 526 km de diámetro medio, aunque es menos masivo que Vesta. Es un asteroide carbonáceo, tipo C, muy oscuro. Tiene una órbita muy inclinada (34.8º) y muy excéntrica, pues su perihelio es de 2.14 UA y su afelio 3.41 UA. Recibió también un impacto sobre su superficie, que originó un grupo de asteroides menores llamada familia Palas. El elemento químico paladio se llama así por este asteroide.
Mitología
Ceres es la diosa romana de la naturaleza, heredera de la griega Deméter, así como su hija Proserpina deriva de Perséfone. Ceres engendró a Proserpina por su relación con Júpiter, su hermano, quien se prendó de su belleza, su pelo rubio y su tez colorada. Esta diosa enseñó a los hombres a cuidar de los árboles y a cultivar la tierra, y por eso es considerada la Diosa de la Agricultura. El vocablo cereales deriva de su nombre. Su hija, Proserpina, fue raptada por Plutón estando en las faldas del Etna, en Sicilia, lugar del que Ceres es patrona y protectora.
Vesta es la diosa romana del hogar, cuidadora del fuego del lugar más recóndito de la casa donde se rinde culto a los dioses, y es considerada como la más caritativa, amable y gentil de todos los moradores del Olimpo. Los romanos tenían sumo cuidado de que el fuego de su templo, situado en el Foro, nunca se apagara. De ello se encargaban las vestales, seis sacerdotisas de extrema belleza, vírgenes y de ascendencia reconocida.
Palas se refiere a Palas Atenea, la diosa griega de la sabiduría, las artes, la literatura y la filosofía, que en Roma equivale a Minerva. Es sin embargo una diosa guerrera, protectora de Hércules, Ulises y Aquiles, y dio muerte al gigante Encélado. Por eso se la representa con lanza, escudo y égida, aunque su animal favorito es la lechuza, símbolo de la razón, y su planta el olivo.
Aproximación de la sonda Galileo a (243) Ida
Epílogo
Por último, sería imperdonable por mi parte terminar sin una breve y sin embargo emocionada referencia a un asteroide inolvidable: B 612, el hogar de El principito, el enternecedor protagonista de la obra cumbre de Antoine de Saint-Exupéry:
«Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos»
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